Historias de Terror

Necesitábamos encontrarla con vida, la ciudad no soportaría la muerte de otra niña. No podría amanecer una sociedad que encuentra cada lunes una desdichada chiquilla a medio comer colgada de los árboles. ¿Cuántas semanas llevamos ya? ¿Cuántas víctimas? 16 hasta ahora y Marina Molinari de 5 años había desaparecido. Como todas las demás un martes, la encontraríamos este lunes y sería la 17, sólo tenemos 6 días. Una madre desesperada no para de gritarnos ¿Qué hicimos por las demás? Nada, sólo las descolgamos, pericias, fotos, circo para la prensa, eso lo hacemos bien, pero ¿Quién está detrás de esta masacre serial? No tenemos la más mínima idea.

El crimen de Rosa Peral

Marina Molinari desapareció como las otras. Dejaron un zapatito sobre la cama con el número 100 escrito con labial, idéntica escena cada vez. Nos juntan en una oficina, nos dicen lo que ya sabemos. No tenemos idea. Pasan los días y reventamos cada casa cuyo dueño tiene un auto gris, porque la verdulera de la esquina dijo: “me pareció que se la llevaron en un auto gris”. Nada, rescatamos una mujer inválida, armas y drogas, pero para hallar a Marina Molinari tuvimos que esperar al lunes. La bajamos del eucalipto de la plaza. Masticada la cara y un brazo, pobre chiquilla.

Su mamá no llegó nunca al lugar, gracias a Dios decidió quitarse la vida antes de ver a su hija muerta y se ahorcó en la madrugada. Fotos, pericias, el circo que hacemos bien. Analía Guillén de 6 años desapareció el martes. ¿Cómo es posible? No había niña menor de 10 que no estuviera custodiada, una distracción del padre y sin gritos ni ruidos raros. Un zapatito en la cama, escrito 100 con labial. “Hagan todo lo que quieran, nos dan libertad, rompan piernas, disparen si es necesario, obtengan información”. La tortura arrancó el mismo martes, para el jueves lo que teníamos era una ciudad en llamas, pero ni un dato cierto sobre Analía Guillén.

―Romero, vení, vení, escúchame ―me dijo Arturo, un duro retirado de los que habían sido llamados a reincorporarse a la fuerza por esta situación

― ¿Y si buscamos un vidente?

En el 65 usamos uno de esos, un viejo que nos guio para encontrar un cadáver, nos redujo bastante el área de búsqueda y…

―Ya sé cómo encontrar el cadáver ―lo interrumpí―. Sólo espero a que la mate este domingo y la cuelgue el lunes, la idea es encontrarla viva.

―Eh, Romero, más respeto a los mayores, dejame terminar.

El tipo nos redujo el área de búsqueda y nos señaló una chacra. El cuerpo estaba en la de al lado a unos 500 metros, pero en la que dijo el brujo, encontramos a dos viejos que se estaban asfixiando con monóxido de carbono, ya estaban desmayados por una estufa mala ¿Entendés?

Foro de crimenes sin resolver Caso Abierto

Los salvamos gracias al tipo ese. Arturo decía la verdad. Ni se me habría ocurrido semejante cosa. No había tiempo, Analía Guillén está cerca de una muerte horrible. No podía negarme, no teníamos idea, la nena tiene nulas chances de todas formas. ¿Cómo reunís a los psíquicos, brujos y todo eso, sin caer en la pérdida de tiempo que implica lidiar con estos simuladores profesionales? Si es que existe alguno ¿Cómo encontrarlo entre tanta lacra fraudulenta? Tengo una idea y Arturo está de acuerdo: “Sábado a las 10 horas, en el salón comunal, daremos un premio de $ 10000 a todo aquel que demuestre dotes reales, en adivinación, artes esotéricas y poderes psíquicos. No faltes”

El mensaje se repitió durante todo el viernes en las 3 radios de la ciudad, ya se había filtrado que era para ayudar a la policía, pero nadie nos cuestionaba. A problemas extraordinarios, soluciones extraordinarias, decían. Sábado a las 10 horas, más de mil personas pelean por entrar al salón comunal. Un ejército de timadores con turbantes y cartas de tarot. A tres cuadras, en el bar Los Angelitos, sólo Arturo y yo esperamos con un sobre de $ 10000 en el bolsillo a que aparezca un vidente verdadero. Sí, dimos la dirección equivocada por la radio. Si tan poderosos son, no deberían tener problemas en hallar el lugar correcto.

Aparece una bella joven de unos 15 años. Camina directo a la mesa y se sienta, Arturo y yo estamos helados. No puedo hablar, lo hace ella:

―Soy Clara, vivo lejos. Tardé un día y medio en llegar, dame el dinero ahora, lo necesitamos.

― ¿Cómo día y medio, si el aviso lo pusimos ayer? ―dice Arturo y Clara lo mira con desprecio.

Ni siquiera tuvo que escucharlo ¡Dios, esta es buena! Le doy el dinero, me deja la mitad y dice que ya regresa. Vuelve a los 25 minutos con un reloj pulsera plateado con malla de acero y un cinturón con hebilla de metal. Los compró con los $ 5000. Me pide que cambie los míos y me ponga los nuevos, la agarro de un brazo, me mira.

El crimen de las niñas de alcasser

―Además tenés que dejar el arma si querés evitar una muerte ―me dice la joven. ―No hay manera que eso pase ―contesto.

―Ya lo sé, pero tenía que intentarlo ―responde Clara. ―No hay tiempo, ¿sabes cómo ubicar a la niña Guillén?

―Yo no, pero Marina Molinari sabe dónde y me lo va a decir, sólo quiere que le prometas algo.

―Marina Molinari está muerta, yo mismo la vi. No hay tiempo para esto. ―Mis ilusiones se empiezan a ir dando lugar a la bronca

― ¿Quién mierda sos?

―Quiere que le prometas que vas a devolverle el anillo de plata a la mamá, ese que se le cayó de la mano cuando se ahorcó. Está en una bolsa de plástico en el cajón del dormitorio del gordo que cuida el depósito judicial, lo robó. Quiere que le prometas que vas a ir a su casa a rescatarlo y se lo vas a poner a su mamá que está en la morgue para que la entierren con él. Mi cara se transforma, no sé de lo que me está hablando

― ¿Estás inventando todo esto? Clara se harta: Clara dice:

―Marina Molinari estuvo secuestrada cerca, me muestra imágenes de un comercio y máquinas haciendo llaves. Hay un cuarto pequeño abajo, más chico que un sótano, escondido.

Arturo y yo salimos corriendo, Rodrigo Balesia, el cerrajero. El raro; antipático, huraño y muy hijo de puta que hace las llaves de todo el pueblo ¿Cómo no lo pensamos? Son 200 metros más y llegamos al local. Rompimos un vidrio y entramos, no hay nadie. Encontramos una puerta trampa bajo el mostrador y allí estaba Analía Guillén. Desnuda con el número 18 escrito con labial, la boca tapada con trapos y algunas mordidas profundas. Tiembla y está helada, le muestro mi arma.

―Soy policía, estás bien ―le digo, apoyo el revolver en el mostrador para sacarla.

Mi compañero se acerca para ayudarme. ¡Bum, Bum! Arturo cae muerto. Balesia, hábil para el sigilo, ingresó sin que lo advirtiéramos y agarró mi revolver ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! Recobro la conciencia. Tengo las manos atadas en la espalda, precinto de plástico, no puedo soltarme. Un agujero en mi brazo derecho hace que sangre continuamente. Erró un disparo y los otros dos me los paró la hebilla del cinto. Balesia arrastra el cuerpo del viejo Arturo y lo apoya contra una pared.

―Un tipo con suerte sos, Romero ―dice y se ríe mientras va a buscar baldes y trapos para limpiar el desastre.

La nena Guillén está sobre una alfombra de nailon llorando. Un fuego me recorre. Puedo mover el brazo izquierdo solamente y tironeo con todas mis fuerzas hasta que siento que el precinto se atora en la malla de acero del reloj, giro mi muñeca una y otra vez hasta que logro romperlo. Ahí vuelve el asesino de niños, hay un martillo sobre el mostrador. Me paro sin que lo note, o eso intento. Se me tira encima, pero ya había agarrado la herramienta y le pego en el medio de la cara, haciéndolo caer.

―Niña Analía, hágame el favor de cerrar sus ojos ―Le ruego.

Apenas obedeció la pequeña, puse una pierna sobre Rodrigo Balesia, el cerrajero caníbal y le desarmé la cabeza a martillazos hasta que logré golpear el suelo. La niña se recuperó y unas semanas de hospital después, ya estaba otra vez junto a su familia. Arturo recibió un funeral con honores y su viuda una pensión especial del estado. Por mi parte me convertí en el héroe más grande de la ciudad. Fui ascendido y si bien se me prohibió hablar públicamente de Clara, la vidente, la tengo siempre en mis oraciones. No para mi ego, sino para recordar que nada en este mundo es lo que parece, hice enmarcar la primera plana del diario local que dice:

Todo sobre el Detective Héroe Conozca la vida del oficial Romero, el hombre que logró acabar con el mata niñas Balesia y una semana después, atrapó en su casa a Bruno Toledo por robarse un anillo del depósito judicial, quien terminó confesando ser “El Carnicero de la ruta 8” con más de 170 asesinatos en 5 provincias diferentes. Los cuerpos siguen apareciendo.